10 febrero 2010

Decidme como es un árbol. Marcos Ana

El otro día en Els matins de TV3 vi una entrevista que me impactó. Era una entrevista a Marcos Ana, pseudónimo de Fernando Macarro Castillo, un hombre del que tengo que reconocer nunca había oído hablar.


Su vida es verdaderamente asombrosa, y su optimismo increible después de tantas adversidades. Sin tener en cuenta que a sus 90 años goza de una lucidez envidiable. 

Este hombre de ideología comunista fue encarcelado a los 19 años y no lo liberaron hasta 23 años después. Durante ese tiempo fue desarrollando sus ideas y su poesía, y fue dos veces condenado a muerte. Estuvo preso junto a Miguel Hernández, y en la prisión leyó a Rafael Alberti y Fedérico García Lorca. Después fue exiliado a Francia y recorrió Europa y Sudamérica.

Ahora ha escrito sus memorias (Decidme como es un árbol, Ed Umbriel 2007), en las que ha recogido algunos de sus poemas. Aquí os dejo una pequeña muestra de ellos, desgarradores.

Autobiografía

Mi pecado es terrible;
quise llenar de estrellas
el corazón del hombre.
Por eso aquí entre rejas,
en diecinueve inviernos
perdí mis primaveras.

Preso desde mi infancia
ya muerte mi condena,
mis ojos van secando
su luz contra las piedras.

Mas no hay sombra de arcángel
vengador en mis venas:
España es sólo el grito
de mi dolor que sueña.



Mi corazón es patio

A María Teresa León

La tierra no es redonda:
es un patio cuadrado
donde los hombres giran
bajo un cielo de estaño.

Soñé que el mundo era
un redondo espectáculo
envuelto por el cielo,
con ciudades y campos
en paz, con trigo y besos,
con ríos, montes y anchos
mares donde navegan
corazones y barcos.

Pero el mundo es un patio
(Un patio donde giran
los hombres sin espacio)
A veces, cuando subo
a mi ventana, palpo
con mis ojos la vida
de luz que voy soñando.
y entonces, digo: “El mundo
es algo más que el patio
y estas losas terribles
donde me voy gastando”.

Y oigo colinas libres,
voces entre los álamos,
la charla azul del río
que ciñe mi cadalso.

“Es la vida”, me dicen
los aromas, el canto
rojo de los jilgueros,
la música en el vaso
blanco y azul del día,
la risa de un muchacho…

Pero soñar es despierto
(mi reja es el costado
de un sueño
que da al campo)

Amanezco, y ya todo
-fuera del sueño- es patio:
un patio donde giran
los hombres sin espacio.

¡Hace ya tantos siglos
que nací emparedado,
que me olvidé del mundo,
de cómo canta el árbol,
de la pasión que enciende
el amor en los labios,
de si hay puertas sin llaves
y otras manos sin clavos!

Yo ya creo que todo
-fuera del sueño- es patio.
(Un patio bajo un cielo
de fosa, desgarrado,
que acuchillan y acotan
muros y pararrayos).

Ya ni el sueño me lleva
hacia mis libres años.
Ya todo, todo, todo,
-hasta en el sueño- es patio.

Un patio donde gira
mi corazón, clavado;
mi corazón, desnudo;
mi corazón, clamando;
mi corazón, que tiene
la forma gris de un patio.
(Un patio donde giran
los hombres sin descanso)